lunes 20 de octubre de 2008

Manuela

Se llama Manuela y es serbia. Profesora de inglés de mi instituto, se ha dado a querer entre todos. Por su disposición, por sus ganas, por su sonrisa. Y por sus pasteles, todo hay que decirlo.
Cuenta Manuela que cuando está nerviosa le gusta cocinar para tranquilizarse. Debe de ser muy nerviosa, porque su calidad como respotera es excepcional. Bizcochos de infinitas variedades, tartas de queso, de galletas, de frutos del bosque, de manzana, selvas negras... rosquillas, pastas diversas: todo lo hace Manuela, y todo lo hace bien. Su departamento es el más concurrido en la hora del recreo: cuando la dulce Manuela lleva dulces, la voz se propaga enseguida y todos acudimos con prontitud (que somos muchos y las tartas vuelan) a visitarla. Para el cumpleaños de una de mis hijas me (le) regaló una tarta. Lo mismo con otros compañeros. Mis hijas bromean dicéndome que ojalá Manuela esté siempre nerviosa y no deje de hacer sus tartas. Y de compartirlas.
El marido de Manuela (supongo que no me tomará a mal que cuente aquí la anécdota), serbio como ella, es violín en la Orquesta Sinfónica de Sevilla. Un día se dirigía en su coche al ensayo junto con un compañero de origen croata (ay, la música). Ambos con la cabeza rapada. Ambos con grandes gafas de sol negras. Control policial. Vehículo detenido. Documentación, por favor. El agente comienza a sudar: dos calvos con gafas de sol, uno serbio y otro croata. Dios mío. Abran el maletero. Dentro de él, la funda de un violín y de una trompeta. Supongo que el agente de policía aún no se ha recuperado del susto. Tal vez le habría venido bien uno de los dulces de la dulce Manuela para pasar el mal rato.
Con compañeros así da gusto ir a trabajar.
Gracias, Manuela.

P.D: Os recuerdo que podéis seguir dejando vuestros comentarios a los libros propuestos en Leer en Bachillerato. Mis alumnos os lo agradecen. Y yo, claro está.

11 aportaciones:

Sombras Chinescas dijo...

¡Menudo chollo! Habrá que pasarse por tu instituto a la hora del recreo (que, muy ladinamente, no has dicho a qué hora es).

Saludos.

Jesús Sanz Rioja dijo...

Qué suerte, sí. En el mío, las únicas que llevan cositas son las vegetarianas y naturistas, o sea todo muy integral y descafeinado, un asco.

X dijo...

Yo soy más de salado que de dulce, pero ya me gustaría que algún profesor o compañero me invitase a merendar día sí, día no. Aquí todos vamos a morir a la cafe de la Fac o algún bar aledaño.

marisa dijo...

Qué bonito retrato realizas de tu compañera, cotidiano, cercano, con anécdota incluida... Me parece estar allí en la sala de profes, relamiéndome y endulzando ese día a día a veces algo amargo. Un abrazo.

E. G-Máiquez dijo...

También la entrada es dulce. La pena es que desde aquí sólo puedo compartir la envidia de JSR. Ah, y las risas con la gran anécdota de la gran Yugoslavia.

Julio dijo...

Pasteles de Manuela:
endulza la mañana
su corrillo de fresas...

radioblogueros dijo...

Hola Juan Antonio,

soy Ali Trujillo de "La radio de los blogueros". ¿Me puedes mandar tu email a alitrujillo@gmail.com ?.

Gracias

aleste dijo...

Ganas de probar esos dulces de Manuela. A mi instituto le haría falta una endulzora así. Besicos.

Isa dijo...

Maaaa...nuelaaaaa! jajajajaja...
Por cierto, muy ricas las rosquillas...Dale las gracias de nuestra parte.
Muchos besos:
Isa

aleste dijo...

Iba a escribir "endulzadora". Besos.

Mery dijo...

Como la vida misma, dulce y agridulce, la cara y la cruz.
Tus metáforas vitales tan bien expuestas como siempre.
Un abrazo