Me asomé el domingo al atardecer a la ventana, en un paréntesis entre las correcciones de exámenes. Meditaba sobre asuntos de mayor transcendencia cuando, de pronto, caí en la cuenta de la presencia, otra primavera más, de los vencejos.
Han vuelto. Ignoro si Bécquer convirtió los vencejos de su infancia en golondrinas (rara avis en Sevilla) para conseguir el endecasílabo necesario, pero el caso es que ya están de nuevo aquí. De tan cotidianos en su presencia, como si no hubiesen pasado ya varios meses desde su marcha, no advertí su regreso hasta que uno de ellos casi se cuela por mi ventana.
Había, claro está, anticipos que nos decían que estaban a punto de volver. Estos días azules y este sol de su infancia, y de la nuestra; el olor a azahar. Otros síntomas, menos poéticos y más cotidianos: tener que enfrentarse a la tarea de guardar las ropas de abrigo y desempolvar la veraniega; desechar los chalecos de cuello vuelto y abrir infructuosamente cajones y cajones hasta encontrar aquellas prendas por mi mal no halladas que se marcharon hace ya casi medio año.
Vuelven los vencejos por no hacer mudanza en su costumbre. Habrá quien los reciba con entusiasmo; otros -especialmente los alérgicos a la nueva estación- se echarán a temblar. De todo hay, y está muy bien que así sea.
Yo me alegro enormemente, aunque sólo sea porque ya, por fin, dejaremos de escuchar el sintagma manido de la "anticipada primavera" que nos asalta siempre un par de semanas antes del 21 de marzo. Ya no es anticipada. Ya ha llegado; Perséfone ha vuelto.
También desea uno que, para nuestras vidas, el cambio de estación sea tan fácil como lo es para la naturaleza y que nos llegue algún que otro milagro de la primavera, como cantó el poeta hace ya casi un siglo mirando a su olmo viejo.
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Han vuelto. Ignoro si Bécquer convirtió los vencejos de su infancia en golondrinas (rara avis en Sevilla) para conseguir el endecasílabo necesario, pero el caso es que ya están de nuevo aquí. De tan cotidianos en su presencia, como si no hubiesen pasado ya varios meses desde su marcha, no advertí su regreso hasta que uno de ellos casi se cuela por mi ventana.
Había, claro está, anticipos que nos decían que estaban a punto de volver. Estos días azules y este sol de su infancia, y de la nuestra; el olor a azahar. Otros síntomas, menos poéticos y más cotidianos: tener que enfrentarse a la tarea de guardar las ropas de abrigo y desempolvar la veraniega; desechar los chalecos de cuello vuelto y abrir infructuosamente cajones y cajones hasta encontrar aquellas prendas por mi mal no halladas que se marcharon hace ya casi medio año.
Vuelven los vencejos por no hacer mudanza en su costumbre. Habrá quien los reciba con entusiasmo; otros -especialmente los alérgicos a la nueva estación- se echarán a temblar. De todo hay, y está muy bien que así sea.
Yo me alegro enormemente, aunque sólo sea porque ya, por fin, dejaremos de escuchar el sintagma manido de la "anticipada primavera" que nos asalta siempre un par de semanas antes del 21 de marzo. Ya no es anticipada. Ya ha llegado; Perséfone ha vuelto.
También desea uno que, para nuestras vidas, el cambio de estación sea tan fácil como lo es para la naturaleza y que nos llegue algún que otro milagro de la primavera, como cantó el poeta hace ya casi un siglo mirando a su olmo viejo.
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14 aportaciones:
Juan Antonio:
Precisamente, un escritor es aquel capaz de hablar con soltura sobre aquello que desconoce.
Saludos.
Sí, Perséfone ha vuelto. Yo me alegro.
Siempre tiene algo de milagro.
Me ha gustado mucho este texto, Juan Antonio.
Saludos.
No sé si será porque ando muy despegada de la televisión últimamente, pero este año he sido consciente de la llegada de la primavera por el alboroto de los vencejos y no por esos anuncios espectaculares de El Corte Inglés. Me ha gustado mucho esta entrada.
Feliz primavera, querido profe.
A ver si esta primavera se convierte en una verdadera persefonía. Un abrazo
Aquí los vencejos no han llegado o yo no me he dado cuenta, sí las golondrinas a la sierra, y no los aviones, esas otras aves "parecidas" en su forma, mas chiquitas que los vencejos que son muy grandes y mas gorditas y redonditas que las golondrinas, con la tripa blanca y sin marrón alguno. Tendré que fijarme esta tarde cuando los vencejos chillan más, no vaya a ser que no me haya dado cuenta. ¿Sabíais que los vencejos copulan en el aire? Tema de las aves apasionante...
Y por lo visto -y por los entendidos de la SEO- las golondrinas de Bequer no eran tales sino vencejos...
Volvéis a ganarnos allá abajo. Llevo tres tardes mirando hacia arriba, y aquí nada de nada. Envidia me dais.
Hermoso texto, Juan Antonio
Uno de los sonidos que mas me gustan es el silencio del campo cortado por el piar de los vencejos (¿se dirá piar en su caso?). Siempre en multitud, no les gusta el vuelo solitario.
Por aquí se les oye mas en verano.
Un beso de altos vuelos, en esta ocasión.
Está muy bien que hayas insistido en esos otros aspectos primaverales además del manido regreso de golondrinas que vuelven, como sabemos, para destrozar nuestros tejados. La primavera es también contemplarte un año más viejo, hecho que encuentra su demostración en las prendas "mal halladas" que ya no caben en tu cuerpo de hoy. En fin, sic transit gloria mundi.
Los vencejos, o aviones, que no sé muy bien distinguirlos, son el sonido preliminar de las primaveras de mi infancia, como los caracoles y los higos lo eran del verano. Juraría que este año se han adelantado, lo cual podría ser barrunto de un verano prematuro. En cuanto a Perséfone, pocos mitos etiológicos son tan hermosos. Un abrazo.
Todos deseamos a la Primavera, todos.
Creo que necesitamos de ella su clima, su olor, su presencia.
¡Ya está bien de invierno!
Y seas bienllegada, aunque vengan vencejos o cuervos.
Un abrazo.
¡Vaya poético estás! Muy bien enlazadas las palabras ajenas con las tuyas, las historias ajenas con las tuyas. Una gozada leerte.
¡Daría yo algo por oler esos azahares sevillanos primaverales! Besicos desde el canal, sin azahares, y sin vencejos. Con ánades, eso sí.
Qué bonito eso de "Perséfone ha vuelto"...
La primavera en Sevilla es asombrosa, y otros dirán que como en cualquier parte de España, pero estoy convencida de que no, de que aquí es diferente.
Abrazos trianeros, profe HG!
Ah y se me olvidaba, ya va siendo de vernos sí, y de hablar de golondrinas, vencejos y tema cofrade, no?
A ver cuándo le ponemos fecha...
:D
Saco un huequecito en esta tarde de correcciones y compromisos varios para dar acuso de recibo a vuestras amables palabras; doy especialmente la bienvenida a Té, amiga de la radio de los blogueros.
Juan Carlos, Olga, Jesús, Máster en nubes, Antonio A, Mery, José María, Antonio S, Javier, Ana, saludos primaverales a todos.
Speranza, ya hablaremos.
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