Quizás fueron aquellos los días más felices
de mi vida. El futuro parecía lejano
y sobre todo largo. Por eso no pensábamos
en el tiempo pasado, que casi no existía
y sólo pretendíamos vivir cada minuto.
Era verano y nunca se agotaban los días.
Las mañanas alegres, tomando algún café
ya casi a mediodía, con las horas cambiadas.
Luego la playa, siempre sugerente y eterna
buscando los lugares estratégicos
para ver y vivir.
Y así cada momento, dejándonos llevar,
apurando las horas de aquellos breves baños
y aquellas lentas copas que duraban
hasta ponerse el sol, mientras mirábamos
a las chicas tardías mucho más que al crepúsculo.
Siempre tarde la cena en aquel restaurante
que pocos frecuentaban, donde nos conocían
por nuestros nombres. Era la noche aún muy joven
y entre charlas y risas el mundo nos bebíamos.
Surgía ante nosotros la vida que empezaba
a mostrarnos entonces sus mitos y promesas.
Y así día tras día, ignorantes
de la amarga tristeza que luego, inevitable,
habría de llegar.
Ahora aquellos días recordados
tras haber conocido el tiempo y sus renuncias
nos hieren levemente el corazón.
Si me miro al espejo me devuelve la imagen
de lo que sin pudor habríamos llamado
entonces un señor.
¿Qué nos queda de aquello? ¿Qué nos ha deparado
este camino incierto hacia la nada?
Fueron días alegres, pero ahora
al sentirlos ajenos y distantes
me embarga la certeza de que aquellos
son los días más tristes de mi vida.
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El Resultado: Jesús Cotta
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A merced de los pájaros de Jesús Cotta.
ISBN: 978-84-92411-83-2
Hace 36 minutos





14 aportaciones:
Querido Juan Antonio:
Aquellos días, como todos, fueron días vividos: esa es la grandeza de nuestra existencia.
Nos inundan los recuerdos
y nos corta con su acero
la cruel espada del tiempo.
Hola .....aun sabiendo que ya no volveran perna no siento al recordar.
besitos y amor
me encantó tu texto.
je
Me gusta, Juan Antonio, el tono elegíaco de este poema. Decía Machado que "se canta lo que se pierde" y en ello veo yo uno de los motivos básicos de la poesía de todos los tiempos, cantar lo que se ha perdido, lo que la vida nos ha robado con mano traidora de ilusionista, lo que el tiempo nos quita nos gusto o no.
El final, algo triste, pero sereno, me hace pensar en que esta vez el filtro de la memoria ha funcionado al revés. Quiero decir que la memoria tiene una facultad prodigiosa que hace que recordemos más lo que nos es placventero que lo que nos causa dolor. Aquí, en tu poema, ocurre que la dimensión es otra, la nostalgia de lo que fuimos y ya no somos, la melancolía...
En fin, buen poema.
Un abrazo, Javier.
JA, comparto la sensación de que aquellos días que parecían tan alegres fueron realmente más tristes. Y que el hoy es en cambio mucho más feliz, de verdad. Con todo lo que tiene o con lo que no tiene.
Me ha encantado. Gracias.
Aurora
Precioso poema.
Recordar los días felices, nos trae una dulce tristeza o melancolía, que yo tambien la llamo felicidad...
Un saludo poético. Soco
Me encanta leer tus entradas,
tienen el frescor inconfundible
de la sinceridad con uno mismo,
una cualidad poco frecuente.
Desde una espléndida madurez
tomas lo vivido y analizas,
seguro que nunca cualquier
tiempo pasado fué mejor.
El espejismo de la juventud:
la alegria de ser, amar, desear,
junto con la tristeza de no saber
a ciencia cierta quien es uno.
Para nada quisiera volver atrás,
mucho mejor una vida llena, madura,
estoy contigo: el futuro parecia lejano sin conocer el tiempo y sus renuncias,dias ajenos y distantes, que bien lo expresas!
Reflexiones de momentos en que éramos capaces de sentirnos dueños del mundo entero...
Gracias por tu elegancia Antonio, digna de un verdadero señor.
A mí me gusta decir que me hice mayor el día en que tomé conciencia de que el futuro no era lejano ni largo, o lo que es lo mismo, el día que comprendí que eso de la muerte iba en serio y para todos.
Por eso, hacerse mayor es empezar a volver la cabeza hacia atrás. E.D.
Un alumno llamado Pérez ha recitado algo de este poema en clase. Curioso, ¿verdad?
No hay alegría verdadera que no contenga cierto halo de tristeza.
Bueno profe, bueno. Y el tiempo justo y necesario, el que lleva a la tristeza.
Entonces, sólo entonces, hemos vivido.
Es curioso, te lo oí recitar una sola vez y al leerlo me ha parecido que lo recordaba entero, y que oía tu voz. Te digo lo que entonces, me gustó mucho el poema, que destila nostalgia y melancolía.
La nostalgia tiene esas cosas y estás consecuencias: bellezas en letra impresa.
La vida es bella, y triste, y nuevamente bella.
Un beso
Gracias a todos por tan amables palabras; en especial, a Montse, por sus versos.
Enrique, sabia reflexión, digna de quien viene.
Abrazos y besos, a discreción.
Ese aire elegíaco a lo Sánchez Rosillo, a lo Brines le sienta muy bien a tu poesía. Lo veremos, espero, en Siltolá.
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