lunes 13 de julio de 2009

Manuel Arana: Adolescencia dos

Adolescencia dos: poemas hormonados es el primer libro de Manuel Arana (Huelva, 1981), publicado por SIM Libros.
Confieso que la falta de tiempo me había hecho no disponer del libro hasta hace bien poco. La forma más fácil de adquirirlo es vía internet, pero la central de correos más cercana a casa, donde tendría que recoger el ejemplar, está de obras y no tenía tiempo para ir a la oficina provisional, bastante más lejana. Pero el hecho de que uno mismo comience a hacer sus pinitos como escritor, tiene efectos colaterales más que interesantes. Uno de ellos, que el editor de SIM Libros, el también poeta Diego Vaya, me regaló el libro de Manolo.
Manolo fue alumno mío el curso pasado: todos sabemos que la poesía no da para comer (tal y como está la cosa, casi ni para desayunar) y se decidió a prepararse las oposiciones, y allí que nos encontramos. Desde entonces le he seguido la pista en su blog, e incluso he visto una de sus alocadas actuaciones junto a Manolo González (ambos forman el dúo chichimeco) en el pasado festival de perfopoesía de Sevilla (donde hubo mucho más de perfo que de poesía, todo sea dicho).
Pero vayamos al grano (no sé si es la expresión más apropiada, siendo cual es el título del libro, pero en fin). Comencemos por algunos adjetivos: desvergonzado, fresco, genial a ratos, desigual.
Manolo Arana nos presenta un libro dividido en tres partes y una coda.
La primera de ellas, Transparencia nos deja ya bien a las claras las obsesiones del poeta -la(s) mujer(es)- y sus apuestas de estilo, su frescura y su desvergüenza (Aunque el verdadero problema es / que en la tele todos consiguen lo que quieren. / Deberían dejar de mentirnos. Es como ponerle / porno a un recién operado de fimosis, dice en el poema inicial). El poeta aparece obsesionado con sus versos y sus mujeres, que forman parte del mismo problema (o son la solución imposible a un problema irresoluble, vaya). Escribir para ligar, algo aún habitual en la segunda adolescencia que da título al libro:

Le hice a una mujer
un acróstico y creo que ni le intereso.
Y lo peor es que sigo queriendo enseñarle el poema.

Manolo es consciente de que los finales de los poemas son decisivos (el encanto / del que sabe guardarse el mejor truco para el final, afirma en "Transparencia") y muchos de ellos son francamente sobresalientes:

Qué pena ser tan transparente
idealista, voluble, incondicional,
tan tuyo. Si quieres.
Tan tuyo aunque no quieras.

De esta parte, con todo, me quedo con la canallada de "Investigación filológica" y con "An Anna Blume", con ese final dedicado a la mujer cuya casa ronda el poeta:

Y eres ya casi tan perfecta
que posiblemente no necesite conocerte.

Cierran esta parte dos poemas en prosa basados en una suerte de escritura automática y asociaciones tanto de ideas como de palabras que, a mi juicio, no aportan demasiado.

El título de la segunda parte, Verborragia, alude al deseo incontrolable de escribir, de no callar. Curiosamente, el mejor poema a mi juicio, se titula "Bendito silencio". La serie vuelve a cerrarse con dos poemas en prosa.
De forma muy aclaratoria, la última parte se titula Mejor que nunca. Vuelvo a valorar la frescura de "A estas alturas", el descaro de "Mejor que nunca" (Voy tan sobrao / que soy capaz de rechazar / planes de sexo salvaje / con mujeres a cuatro patas / que se dejan palmear en el culo / solo porque no me parece del todo ético. / Sí, se admiten collejas). Poemas como "Efímero", "Comentario de textos" o "Starlight" en los que da vueltas una y otra vez al amor y las palabras, las palabras que llevan al amor, las que lo apartan de él, las que lo suplen, las que lo excusan:

Nunca pensé que fuera capaz
de inventarme tantas excusas,
y mucho menos las tuyas.

Dos nuevos poemas en prosa acaban esta parte, que da paso a la coda, "Recién afeitado" (y no de la barba, precisamente), donde vuelve a asombrar la frescura del poema que da título a la coda, o el poema final, que tal vez hable del amor, o tal vez de la poesía, o tal vez de ambos a un tiempo:

Éste nunca será el camino correcto
(desde tan lejos, los objetos y las personas
se ven más pequeños pero también más brillantes).

Nunca será el camino correcto.
Y no hace falta que nadie me lo diga.
Todavía no estoy ciego.

La venda solo la llevo porque me favorece.

El libro me ha gustado sobre todo por lo mucho que promete. Posee Manolo Arana el don de la palabra, el chispazo oportuno, el giro inesperado, el final memorable. Tal vez le sobren algunos excesos pero, claro está, entonces el libro no se llamaría así.
Estoy convencido de que, a poco que te empeñes, Manolo, tu segundo libro me gustará más. Así que empéñate, tío. Si no, habrás de admitirme una colleja.
.

11 aportaciones:

Julio dijo...

Muy buena pinta que tiene el libro de Arana

Juanma dijo...

Bueno, con una reseña tan fantástica como esta que escribes, se activa mi curiosidad por leer ese libro. Ese inventar las excusas del otro me parece muy sugerente.

Un abrazo, querido profe.

Manolo Arana dijo...

Muchas gracias, Juan Antonio. Quizás es precisamente el exceso lo que destacaría de este libro (y de esta etapa de mi vida...). Tenía que ser excesivo.

Y sí, empeñado estoy. Empeñado.

em10 dijo...

Pues sí que tiene buena pinta el libro. Felicidades a Manolo, que veo que ha comentado.

Jesus Dominguez dijo...

Genial. Una referencia muy interesante. De momento, voy a su blog, luego a su libro.

Un saludo

Jesús Domínguez

José Miguel Ridao dijo...

Tras leer esta reseña apetece entrar en el blog de Arana y leer su poemario. A la altura la reseña del libro, sin duda.

Un abrazo, Juan Antonio.

Olga B. dijo...

Un amigo común, Juan Manuel, me habló del duo Chichimeco, al que tuvo la ocasión de ver en Sevilla, y ya me habló bien.
Segunda vez que me lo nombran, por tanto;-)
Lo visitaré.
Abrazos.

Liliana G. dijo...

Excelente reseña Juan Antonio, da pie para dejar todo plantado e ir al blog de Manolo, cosa que por cierto hice con todo gusto.

Cariños.

dvaya dijo...

Muchas gracias por la reseña, Juan Antonio. Es muy certera.

Sí, es un libro lleno de excesos y de las contradicciones de la adolescencia (aunque sea la segunda), pero eso fue lo que nos animó a publicarlo.

Un abrazo.

Juan Antonio Glez. Romano dijo...

Gracias, Manolo, por la buena acogida que has dado a mi reseña.
Gracias, Diego, por haberme facilitado el libro.
Y a los demás, hacedme caso y leedlo: seguro que encontraréis más de una docena de poemas que merecen la pena de verdad. Y eso, en un libro de poesía, es mucho decir.

Miguel dijo...

La reseña es de esas que destila miel a toneladas y las va dejando en los labios de los que, como yo, ya tenemos ganas de leerlo.
Fuimos compañeros de colegio, y me ha hecho ilusión ver la entrada con su nombre en tu blog, profe. Sin duda, leerlo es una bendita obligación. Voy a ello.

Un saludo.