El pasado jueves, en la Casa del libro de Sevilla, se presentó la novela breve de Diego Vaya Inma la estrecha no quiere mi amor (Isla de Siltolá, colección Levante), de la que ya hablamos aquí. El poeta Manuel Moya y el investigador y editor Jaime Galbarro fueron los maestros de ceremonia. La novela usa como técnica una serie de correos electrónicos, con sus archivos adjuntos correspondientes, para contar, en primera persona, la historia del protagonista. El fondo técnico se halla muy enraizado en la tradición (estamos -como destacaron los presentadores- ante una suerte de Lazarillo moderno que dirige su historia epistolar a un vuesa merced que si allí era un cura, aquí es un psicólogo) pero la forma de attachment acerca a Diego Vaya a tendencias narrativas actuales. Fue por ello por lo que se planteó en la presentación si el autor era un escritor nocilla. La respuesta fue estupenda: dado el fondo tan contundente que plantea la historia, Diego no es nocilla sino manteca colorá.
Fue este solo un detalle de lo interesante y divertida que resultó la presentación de Inma la estrecha, cuyos derechos de autor, por cierto, serán donados para el comedor social de la calle Pagés del Corro. Un motivo más para hacerse con la novela, háganme caso.
Ya están tardando.

1 aportaciones:
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