jueves 7 de enero de 2010

7 de enero

No sé en otros lugares, pero aquí en Sevilla es la segunda vez que a los pequeños (y también a los de secundaria, y a los bachilleres y efeperos; y a sus maestros, claro, pero esos importamos menos) les toca volver a las aulas el día 7 de enero, sin esa jornada de margen que tradicionalmente se ha dado para poder, por lo menos, acabar de desembalar los juguetes de los Magos.
Con esta competencia desleal, los Reyes de Oriente lo tienen francamente difícil en su batalla contra, digamos, el orondo santo de la cocacola.Luego resulta que todo el mundo, allá donde se toman las decisiones, es muy antiamericano, y muy de lo nuestro. De boquilla, porque una cosa es predicar y otra dar siete de enero para disfrute de los pequeños.
Para mayor disparate, nos encontramos con que más de la mitad de las familias deciden no mandar a sus hijos al colegio en un día como hoy, y con los que van a clase poco se puede hacer, ya que no hay el quórum necesario. Curiosamente, algunos de los que aparecen son los que peores resultados han obtenido en el primer trimestre, pero que están deseando enseñar a sus compañeros el megafabuloso móvil que el, digamos, orondo santo les regaló como premio a su inutilidad académica. Y ahora, convénzalo usted para que estudie.
Año nuevo, nada nuevo bajo la lluvia.
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martes 5 de enero de 2010

Vuelven los Magos

Noche de Reyes Magos, otra vez. Noche de recuerdos, siempre. Tal vez pocos instantes de la infancia se recuerdan, al paso de los años, con tanta intensidad.
Yo era, ay, del ibertren, de los geiperman, de coches teledirigidos (siempre con cable, que el inalámbrico no llegó nunca). Sin embargo, un año (no creo que tuviera más de seis o siete años) me dio por pedir una bola del mundo, un globo terráqueo que había visto en el catálogo (entonces había solo uno, el de El corte inglés) y me había impresionado. El globo llevaba grabado el mapa físico del mundo y, al encender una bombilla interna, aparecía el mapa político. Tal vez veía en ese globo la posibilidad de recorrer el planeta desde el pueblo, del que apenas salía para ir a veranear y algunos días contados a la capital.
Aún recuerdo un día en el que estaba en la puerta de casa, esperando que mis tíos y mi madre regresaran de Sevilla en el viejo seat 127, a principios de diciembre. Cuando vi llegar el coche me dirigí rápidamente a ellos para saludarlos y tras los cristales me pareció ver una caja en la que un globo terráqueo aparecía pintado. ¡¡La bola del mundo!!, exclamé entusiasmado. Rápidamente alguien me apartó del coche y me quitó la idea. Anda, anda, que es una botella de cajas de fino La Ina (que por aquellas épocas tenían, o eso me hicieron creer, algún círculo pintado en el envoltorio). Como mi tío aprovechaba los viajes a la capital para comprar provisiones para el bar familiar, no me pareció extraña la explicación y acabé, entristecido, por aceptarla.
Semanas más tardes, en la mañana de Reyes, apareció, lustrosa, mi bola del mundo junto a mis zapatos. Imagino ahora, con la distancia, cómo les tuvo que sentar a mis padres y mis tíos la puñetera curiosidad del puñetero niño que a punto estuvo de descubrir de aquella manera la trama de oriente.
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lunes 4 de enero de 2010

Tántalo

Apartaos, frutos generosos de la tierra; alejaos de mí, aguas frescas de fuentes y ríos. Dejadme morir en paz, os lo suplico.
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sábado 2 de enero de 2010

Aldea global

Sucedió en una tienda globalizada (desde unos zapatos a una goma de borrar, conocen estos establecimientos todo tipo de géneros), aquellas que comenzaron llamándose de veinte duros y ahora se conocen como chinos, dada la nacionalidad abrumadora de los que suelen regentar estos negocios.
Una señora entró con sus dos hijas, una quinceañera y otra, de unos cuatro años, recientemente adoptada. China. Mientras veían algunas ropas, la señora comentaba con una amiga que su nueva hija llevaba muy poco tiempo en España, y que apenas sabía hablar español aún. La dependienta de la tienda, siempre atenta, preguntó de dónde era la niña. La madre, despistada al principio, contestó, sencillamente, de China, de China, pero la dependienta le insistió, de qué palte de China. Cuando se lo dijo, los ojos se le abrieron enormemente: yo soy de allí, yo soy de allí. Todos en la tienda, en aquel momento, se quedaron parados, expectantes ante la situación creada. La madre adoptiva vio el cielo abierto: por favor, háblele a mi hija, que el dialecto de su comarca es tan extraño que no hemos encontrado a nadie que lo sepa hablar. La dependienta comenzó a hablarle a la chinita, que inmediatamente se fue corriendo para ella y la abrazó, sin parar de hablar.
Más de una lágrima se les escapó a los presentes. A mí, cuando mi mujer -que estaba allí- me lo contó, también.
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jueves 31 de diciembre de 2009

Fin y comienzo

Acabar un año nos ofrece siempre la oportunidad propicia para detenerse, mirar alrededor y tomar determinaciones, buenos propósitos para el futuro que, en ocasiones, hasta se cumplen.
Últimamente -sería incomprensible lo contrario- me siento muy optimista y tiendo a afirmar que el año presente siempre es el mejor de nuestras vidas. Así ha sido este 2009 y así será el 2010. Y los que vengan. Plantearse otra cosa no es sino predisponerse al fracaso. Y no.
Si el 2009 ha sido el año de mi primer libro de poesía, para el 2010 ya hay un par de proyectos en firme, y si no ocurre nada extraño, en la primavera del nuevo año se publicará una antología de entradas de este blog en la nueva colección Álogos, de Ediciones de la Isla de Siltolá, y, tras el verano, una colección de mis apócrifos verán la luz en la pequeña editorial independiente Sim Libros. Seguiremos informando.
Así que a mí no me queda más que augurar un feliz 2010. Y, si fuera posible, lo plantearía más como una orden que como un deseo. Si queremos lo mejor, preparémonos para lo mejor.
Un abrazo a todos.

martes 29 de diciembre de 2009

Un poema de Pájaro negro

Ayer, a la sagrada hora sexta, recibí un mensaje de Javier Sánchez Menéndez, que me invitaba a incorporarme a la tertulia que se produjo tras el fallo del II premio Fundación Ecoem de poesía. Allí tuve la oportunidad de conocer en persona a aquellos a los que ya conocía por sus versos, Julio Martínez Mesanza, Felipe Benítez Reyes y Juan Bonilla, quienes, junto a Abel Feu y el mencionado Javier, componían el jurado. Todo un privilegio, todo un placer.
Además de interesantísimas reflexiones y anécdotas divertidas, de vuelta a casa me traje un ejemplar mecanografiado del poemario vencedor, Pájaro negro, de Ángel Mendoza. Rápidamente me puse a leerlo y desde el primer poema comprendí perfectamente el porqué del premio. Versos contundentes, con variedad formal (desde solemnes alejandrinos a breves heptasílabos, pasando por endecasílabos o decasílabos; desde romances a cuartetos, incluso tres haikus) y un fondo común elegíaco del que surgen brillantes rayos de esperanza.
Difícil elegir un poema del libro. Creo que este que sigue es bastante representativo.
Sólo queda dar la bienvenida a Ángel Mendoza a la Generación Siltolá y dejarnos llevar por sus versos.

PRIMA LUCE

Los días ya no vienen
con rumor de bandera,
con nombre de país reconquistado
a los colmillos de la tierra negra.

No porque yo no sueñe
con sus flamantes telas,
rasgando el gran azul, temblando el aire,
latiendo de verdad, dejando señas
del regreso del sol, de que sus armas
fulminarán con luz cualquier tiniebla.

No porque no me deje la vida en esperarlos.
No porque yo no quiera.
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lunes 28 de diciembre de 2009

Más sobre el II Premio Fundación Ecoem de poesía

Texto de la nota de prensa facilitada por la Fundación Ecoem

El poeta gaditano Ángel Mendoza, con el poemario Pájaro negro, ha obtenido el II Premio de Poesía de la Fundación Ecoem, que se ha fallado este mediodía en un hotel de Sevilla. El galardón está dotado con 6.000 euros y la edición de la obra.
En una nota de prensa, la organización informó de que el jurado, compuesto por los poetas Felipe Benítez Reyes, Julio Martínez Mesanza, Juan Bonilla, Abel Feu y Javier Sánchez Menéndez, eligió la obra Pájaro negro entre siete finalistas.
El ganador, Ángel Mendoza, nacido en la localidad gaditana de El Puerto de Santa María, es autor de varios libros de poesías publicados, y de obras de literatura infantil.
El jurado describió la obra Pájaro negro como “un libro brillante, con poesía fluida y de gran deslumbramiento”.
Asimismo, por unanimidad, los miembros del jurado otorgaron el accésit a la obra Los jardines de hielo, del escritor José Mª Moreno Carrascal, nacido en Huesca y residente en Rota (Cádiz), y cuyo poemario será editado por la Fundación Ecoem en la Colección SILTOLÁ Poesía, de Ediciones de la Isla de Siltolá.
De izquierda a derecha, Felipe Benítez Reyes, Juan Bonilla, Javier Sánchez Menéndez, Julio Martínez Mesanza y Abel Feu, en uno de los patios del hotel Las casas del Rey de Baeza.

En la biblioteca del citado hotel, Javier Sánchez Menéndez, Julio Martínez Mesanza, Juan Bonilla, Abel Feu y Felipe Benítez Reyes.

Mañana, un poema del libro ganador aquí, en Ah de la vida.
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Ángel Mendoza, ganador del II Premio de Poesía Fundación Ecoem

Ángel Mendoza (El Puerto de Santa María, 1969), con la obra Pájaro negro, ha resultado ganador del II Premio de Poesía Fundación Ecoem.
El jurado ha estado compuesto por Julio Martínez Mesanza, Felipe Benítez Reyes, Juan Bonilla, Abel Feu y Javier Sánchez Menéndez, presidente de la Fundación Ecoem.
Con anterioridad, Ángel Mendoza ya había obtenido los premios "Luis Cernuda", del Ayuntamiento de Sevilla (1997), "Arcipreste de Hita" (2001) o "Fernando Quiñones" (2004). Entre sus libros ya publicados se hallan Pequeñas posesiones (Editorial Renacimiento. Sevilla, 2000) Cercanías (Editorial Pre-Textos. Valencia, 2002) y Horario de invierno (Editorial Pre-Textos. Valencia, 2006).
Enhorabuena al ganador.
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Finalistas del II Premio Fundación Ecoem (actualización)

Para el Premio Fundación Ecoem que se falla hoy lunes 28 de diciembre al mediodía, han quedado seis libros finalistas. Los títulos son los siguientes:

- Pájaro Negro
- Entre la cara y la cruz
- Los jardines de hielo
- Las islas malabares
- Gnómica
- Mi corazón no es alimento

Seguiremos informando...
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domingo 27 de diciembre de 2009

II Premio Fundación Ecoem de poesía

Mañana lunes se falla el segundo premio Fundación Ecoem de poesía. La primera edición resultó vencedor Elías Marchite, con su Tiempo muerto, y Miguel Agudo, finalista, ganó un accésit con Cuando Herodes la tierra. Ambos poemarios inauguraron la colección Siltolá de poesía.
En esta ocasión, cerca de cuatrocientas obras han competido para hacerse con los 6000 euros del premio, más la publicación. Mañana, tras deliberación del jurado, se hará público el ganador y, tal vez, algún (o algunos) accésit, con lo que la Generación Siltolá se verá aumentada. Tanto el ganador como los posibles accésits se publicarán en Siltolá Poesía, de Ediciones de la Isla de Siltolá, que acaba de presentar el último libro -bellísimo- de Julio Martínez Mesanza, Elogio del desierto, con fotografías de José del Río Mons, en un ejemplar que se cataloga como Anejo de la colección Siltolá.
De las 400 obras presentadas, 250 pertenecen a autores españoles y el resto a europeos e hispanoamericanos. A estas horas el jurado ya tiene en su poder los libros de los ocho finalistas.
El resto de los detalles (composición del jurado, ganador, accésits, imágenes del evento), mañana por la tarde, si me da tiempo.
Permanezcan atentos a sus pantallas.
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