No sé en otros lugares, pero aquí en Sevilla es la segunda vez que a los pequeños (y también a los de secundaria, y a los bachilleres y efeperos; y a sus maestros, claro, pero esos importamos menos) les toca volver a las aulas el día 7 de enero, sin esa jornada de margen que tradicionalmente se ha dado para poder, por lo menos, acabar de desembalar los juguetes de los Magos.
Con esta competencia desleal, los Reyes de Oriente lo tienen francamente difícil en su batalla contra, digamos, el orondo santo de la cocacola.Luego resulta que todo el mundo, allá donde se toman las decisiones, es muy antiamericano, y muy de lo nuestro. De boquilla, porque una cosa es predicar y otra dar siete de enero para disfrute de los pequeños.
Para mayor disparate, nos encontramos con que más de la mitad de las familias deciden no mandar a sus hijos al colegio en un día como hoy, y con los que van a clase poco se puede hacer, ya que no hay el quórum necesario. Curiosamente, algunos de los que aparecen son los que peores resultados han obtenido en el primer trimestre, pero que están deseando enseñar a sus compañeros el megafabuloso móvil que el, digamos, orondo santo les regaló como premio a su inutilidad académica. Y ahora, convénzalo usted para que estudie.
Año nuevo, nada nuevo bajo la lluvia.
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Con esta competencia desleal, los Reyes de Oriente lo tienen francamente difícil en su batalla contra, digamos, el orondo santo de la cocacola.Luego resulta que todo el mundo, allá donde se toman las decisiones, es muy antiamericano, y muy de lo nuestro. De boquilla, porque una cosa es predicar y otra dar siete de enero para disfrute de los pequeños.
Para mayor disparate, nos encontramos con que más de la mitad de las familias deciden no mandar a sus hijos al colegio en un día como hoy, y con los que van a clase poco se puede hacer, ya que no hay el quórum necesario. Curiosamente, algunos de los que aparecen son los que peores resultados han obtenido en el primer trimestre, pero que están deseando enseñar a sus compañeros el megafabuloso móvil que el, digamos, orondo santo les regaló como premio a su inutilidad académica. Y ahora, convénzalo usted para que estudie.
Año nuevo, nada nuevo bajo la lluvia.
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